Saturday, September 27, 2008

Empanadas en Madison

Empanadas con sabor Argentino en el mercado de granjeros en Madison
   
Con solamente tres semanas más del mercado de granjeros en el lado este de Madison, Natalia Contreras de Argentina vende sus empanadas caseras, enfatizando que  para ella, es importante saber cocinar.
“Yo he crecido como la mayoría de los latinos donde siempre hay una señora que hace comida cacera,” explicó Contreras.  “Comida hecha con las manos y no comida hecha en una fabrica es algo que se va perdiendo.  A mí me sorprende encontrar tanta gente que no sabe cocinar, y que solamente sabe poner una pizza en el horno.  Es increíble.”  

Esta mujer de Tucumán, una ciudad en el noroeste de Argentina, vino a Madison para visitar amigos, pero se quedó cuando conoció a su esposo, Chris, un estadounidense.  Para poder estar con él, ella tenía que conseguir su tarjeta de residente y por lo tanto, se casaron.

Ella contó que si no hubiera podido conseguir su tarjeta de residente, no se hubiera quedado en los Estados Unidos, porque le gusta visitar a su familia cada año, lo cual también es una manera para escapar los inviernos de Wisconsin.  

“Hace mucho frío acá, y también es muy oscuro,” se quejó Contreras.  “Madison me gusta, pero en invierno me voy a Argentina todos los años.”  

Sin embargo, este año, no sabe si va a poder volver a su país porque actualmente trabaja como interprete en una escuela secundaria Sennett Middle School.  

Después de vivir ocho años en Madison, tiene un inglés muy avanzado pero dijo que le costó mucho aprenderlo.  Aprecia que esta ciudad tiene una cultura de mercados de granjeros y que la gente tiene una conciencia de comer local y orgánico.  Ahora, ella es parte de esta cultura porque usa los mercados como una manera de seguir con sus propias tradiciones.  

Dijo que le gustaría que más latinos hiciera lo mismo y viniera a los mercados para vender su comida propia, por ejemplo, mujeres Mexicanas podrían vender tamales.  

“Yo soy la única Latina vendiendo cosas en este mercado, pero me siento cómoda,”  reflejó Contreras.  “Pero, sí me gustaría que haya más mezcla de latinos y haya un mercado que uno pueda ir y comprar comida precocida.”  

Las empanadas que vende Contreras cada martes son o de carne o de verduras.  El martes pasado,  se pudo elegir entre las de espinacas y queso y las de pollo.  Se venden por $2 cada una, y ella dijo que hay gente que cree que es un precio caro.  Sin embargo, ella trabaja por lo menos ocho horas para poder cocinarlas por completo. 

Tiene clientes fijos que vienen cada semana para compran empanadas.  Laura Hewitt de Madison, que va muy a menudo, dijo que le encantan las de choclo y las de pollo.  Aunque dijo que son un poco pequeñas, tienen un sabor muy rico por las especias que contienen.

Contreras trata de comprar las verduras que usa en las empanadas en los mercados de granjeros y también usar carne que viene de animales no maltratados.  

Usa el estilo Tucumán para hacer sus empanadas y hace entre 60-90, dependiendo de las ganas que tiene para hacerlas.  

En el mercado, un hombre viejo acercó para investigar esta comida pequeña y triangular con un nombre poco conocido.  Vio a otro cliente comprar algunos, pensó un segundo y dijo a la vendedora sonriendo de Argentina:

“Como ahora sé que es una empanada, me gustaría comprar dos.”  




Empanadas bring Argentine Flavor to Madison Eastside Farmers' Market
  
With just three weeks left for the Eastside Farmers’ Market, Argentina native Natalia Contreras sells her homemade empanadas, emphasizing that for her, it is important to know how to cook.
“I grew up like most Latinos where there is always a woman who makes homemade food,” Contreras said.  “Homemade food and not factory-made food is something that is going away.  It surprises me to find so many people that don’t know how to cook, and that only know how to throw a pizza in the oven.  It’s incredible.”

From the city of Tucumán in northwest Argentina, Contreras came to Madison to visit some friends, but ended up staying after meeting her American husband, Chris.  To be able to remain with him, she had to obtain her green card, so the couple got married.

She explained that if she hadn’t been able to get her green card, she wouldn’t have stayed in the Unites States, because she likes to visit her family each year, which is also a convenient excuse to escape the Wisconsin winters.

“It is so cold here, and it is also really dark,” Contreras complained.  “I really like Madison, but in winter, I go to Argentina every year.”

However, this year, she does not know if she will be able to visit her country, because she currently works as an interpreter for the Sennett Middle School.

After living in Madison for eight years, she has very advanced English, but said that it took a lot of work to learn it.  She appreciates that in this city there is a farmers’ market culture and that people are conscious of eating locally and organically.  Now, she is part of this culture, because she uses the markets as a way to continue her own traditions.

She says that she would like to see more Latinos doing the same, coming to the markets to sell their own unique food, such as Mexican women could sell tómales.

“I am the only Latina selling things in this market, but I feel comfortable,” Contreras noted.  “But, yeah, I would like it if there were more of a mix of Latinos and if there were a market where one could go and buy precooked food.”

Contrera’s empanadas, which she sells every Tuesday, always consist of one meat choice and one vegetable choice.  Last Tuesday, one could choose between spinach and cheese or chicken.  They sell for $2 each, and she pointed out that some people think this is an expensive price.  However, she spends at least eight hours to completely finish them.

She has regular clients she sells empanadas to every week.  Laura Hewitt of Madison, who often comes, said that she loves those filled with corn or with chicken.  She added that although they are a little small, they are also quite delicious because of the spices used. 

Contreras tries to buy her vegetables she uses to fill the empanadas from farmers’ markets and also to use meat that comes from animals that haven’t been mistreated.

Using the Tucumán style to make the empanadas, she makes between 60-90 depending on how many she feels like making that day.

At the market, an old man approached to investigate the small, triangular food with an unfamiliar name.  He watched another customer buy some, thought for a moment and said to the smiling Argentine vendor:

“Now that I know what an empanada is, I’ll take two.”

Tuesday, September 9, 2008

Super Journalist--Super Periodista


As a result of a biking accident, I am coping with a broken right elbow and the bulky cast that comes with that.  I am finding it difficult to scratch my face while reading, text message while walking and do various other multitasks that as a woman I enjoy doing.  However, my fairly immobile hand can't stop me from getting the story, just like the muckraker that I am. 

I decided that I couldn't let this injury keep me from fulfilling my fall internship at the Spanish language newspaper in Madison, La Comunidad.  So Monday night I took out my laptop and started awkwardly typing all the commentaries from the event "Languages of Life: Sports and Languages" in the Great Hall at the Memorial Union.  Then, because I can't write with my dominant hand, I used my recorder to get some interviews.  

I could have just called my editor and said that my broke arm would impede me from doing the story, but fearlessly, I broke, I reported, I conquered.  Nothing can stop me. . . except perhaps the kryptonite of journalists: apathetic readers.

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Como consecuencia de un accidente de bici, estoy tratando de vivir con un codo derecho roto con su yeso grande que lo acompaña.  Me estoy dando cuenta de que es difícil rascarme la cara mientras leo, escribir mensajes de texto mientras camino y hacer otras cosas variadas a la vez, que como mujer me encanta hacer.  Sin embargo, mi mano bastante inmóvil no me puede obligar no hacer el articulo, como la periodista de investigación que soy.

Decidí que mi brazo herido no me impedirá realizar mi pasantía del otoño en el periódico en español en Madison, La Comunidad.  Así que, el lunes, por la tarde, saqué mi laptop y empecé escribir, de una manera un poco rara, todos los comentarios del evento que se llamaba: “Lenguas de la Vida: Deportes y Lenguas” en el Great Hall del Memorial Union.  Entonces, por el hecho de que no puedo escribir con la mano dominante, usé mi grabadora para poder hacer las entrevistas.

Yo  hubiera podido llamar a mi redactor para decir que el brazo roto me impediría hacer la nota, pero sin miedo, me rompí, lo investigué, y lo conquisté.  Nada me puede detener. . .excepto, a lo mejor, la kryptonita de los periodistas: los lectores apáticos.